Yo Puedo Hacerlo Por Mí Mismo

Escrito por Susan

 

Briana cumplirá tres años en un par de semanas y realmente disfruto el tiempo que juego con ella. Apenas me ve, lo primero que dice es “’Gheema  (grandma-abuela) yo quiero jugar con tu bolso”. Oh, los tesoros que ella encuentra dentro de éste y no son el dinero o el libro de cheques. Estos ella me los entrega y se queda con el resto, lo que para ella es importante: las tarjetas plásticas que encontró en mi billetera las coge y las pone en su cajita de lápices; luego coge el lápiz labial y como no sabe como usarlo, me lo devuelve diciendo, “Gheema, ábralo usted”. Sigue mirando dentro del bolso y encuentra las pastillas de menta y dice, “me gusta esto”  mientras trata de romper la envoltura. Se da cuenta que no puede y me lo pasa, “Gheema, ábralo usted”. Sigue buscando y encuentra otro paquete de mentas, trata de romper la envoltura una y otra vez, pero al ver que no puede, me devuelve y al mismo tiempo sugiere que sea yo quien lo abra.

Cuando su hermano Anthony tenía un año (ahora tiene ocho años), él amaba el jugar con carritos. Para poder usarlos, él tenía que destapar el frasco grande donde estaban guardados. Por más que trataba de quitar la tapa, no podía. Como aún no podía hablar claramente, él ponía su mano sobre la tapa y lo miraba a uno como diciendo, “destápelo, ¡por favor!”. Anthony sabía que podía recurrir a sus padres o  a un adulto para que lo hicieran por él.

Es maravilloso el poco tiempo que les toma a los niños el darse cuenta de sus limitaciones, y como no dudan en ir donde un adulto a pedir ayuda. Todo lo contrario, con nosotros los adultos. Pensamos “yo lo puedo hacer por mí mismo”, “no necesito ayuda de nadie”. Puede que pensemos, “¿qué pensarán si admito que necesito ayuda?”, “¿qué pensaran si saben que tengo este problema?”. Si tan solo dejásemos de pensar y ser humildes para admitir que no podemos hacerlo por nosotros mismos y correr a nuestro Padre Celestial. Muchas veces lo hacemos, pero le decimos “cuando hacerlo” y “como hacerlo”. Lo anterior es como cuando uno trata de arreglar un juguete de un niño y él mete sus deditos tratando de ayudarle a uno, ¿verdad que toma más tiempo?

Tenemos que aprender a confiar en nuestro Padre Celestial, en lugar de tratar de arreglar los problemas por nosotros mismos y pasar por la tristeza y dolor que éstos conllevan. No confiarle a Dios algunas cosas, sino TODO lo que refiere a nuestra vida. Pedirle a él que nos guíe en toda decisión a tomar. Ah, y cuando preguntemos por su ayuda, debemos tratar de no meter “nuestros deditos”. Confiemos en Dios y no dudemos en pedir su auxilio. Lo mismo, cuando vamos delante de Jesús para llevarle toda necesidad y pecado nuestro. Debemos venir ante él confiando en su amor y perdón. Una vez que lo hacemos, debemos caminar en victoria y no dejar que la culpabilidad nos agobie. Podemos salir adelante, pero no por nosotros mismos, sino que “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.”

(Mateo 11:28-30; Filipenses 4:13).

 

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