Los Últimos Días del Ministerio Terrenal de Jesucristo, Parte 3: Expulsa a los Mercaderes del Templo.

Se acercaba el tiempo de la celebración de la Pascua y Jesús visita el Templo de Herodes. Su visita y lo que él hizo durante el tiempo que estuvo allí quedó registrado y se conoce como “Expulsión de los Mercaderes del Templo”

Jerusalén para esa época se llenaba de gente, no solo judíos sino que también de gentiles (convertidos al judaísmo), que querían visitar el Templo para llevar ofrendas y ofrecer sacrificios individuales.

Muchas de estas personas venían de lugares lejanos y no podían llevar con ellos los animales que ofrecerían para el sacrificio, por tanto tenían que comprarlo en Jerusalén, específicamente en el templo, en la Corte de los Gentiles, que aunque estaba destinada para que “los gentiles oraran” se había convertido en un mercado de compra y venta de animales y centro de acción de los cambistas de monedas.

Aparte de que tenían que comprar animales aprobados para el sacrificio y las palomas para ofrendas, también necesitaban comprar las cosas que se necesitaban para los rituales, tales como vino, aceite y sal.

En el comentario bíblico dice que las autoridades del templo estaban totalmente involucradas en todo esto. Ellos solo permitían animales comprados en el área que ellos habían asignado y que además en esas transacciones no se permitían monedas que circulaban en el tiempo del Nuevo Testamento, como lo eran la moneda imperial (romana), la provincial (la griega), sino solo permitían usar la moneda local (la judía). Por tanto, si querían comprar, debían cambiar las monedas,  y en esas transacciones no solo ganaban los cambistas sino que también los sacerdotes.

En cuanto a la visita de Jesús al templo, el libro de Marcos narra lo siguiente:

“Vinieron, pues a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas.” (Marcos 11:15/Versión Reina Valera 1960)

No solo echó  fuera a los que vendían y a los que compraban, sino que tampoco consintió que persona alguna atravesara el templo, aunque fuera para llevar un utensilio.

Tal vez para algunos las medidas que él tomó fueron drásticas o violentas, pero Jesús quería enseñarles una gran verdad que supuestamente ya debían saberla:

“Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Marcos 11:17)

Este mismo acontecimiento es narrado en el libro de Mateo y el agrega detalles que fueron omitidos por Juan Marcos. Después de haber dicho que el templo era casa de oración… “vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.” (Mateo 21:14/Versión Reina Valera 1960)

No solo hizo esas maravillas, sino que los muchachos que estaban en el templo aclamaban diciendo: “¡Hosanna al Hijo de David! (Leer Marcos 21:14)

Ya anteriormente, en ese mismo lugar, Jesús había declarado que  el templo era la casa de Su Padre (Leer Juan 2:16) y eso no lo ignoraban las autoridades religiosas.

Ni los principales sacerdotes, ni los mercaderes, ni tampoco los judaizantes que se acercaban a ese edificio ignoraban que lugar era ese:

  • El Templo
  • Un lugar donde se iba a orarle a Dios
  • Era casa de oración tanto para Judíos como para Gentiles

 ¿Entonces, por qué lo habían convertido esa parte del templo en un mercado? ¿Por qué hicieron de los animales para ser usados en los sacrificios y ceremonias, una excusa para obtener ganancias para sus propios bolsillos? Uno podría dar muchas respuestas a esas preguntas, pero algo queda claro, el corazón de ellos no estaba de acuerdo a Dios. Sus corazones no eran rectos.

Para entender lo anterior, hay que trasladarse al tiempo del profeta Jeremías, cuando Dios le pide que se pare a la entrada del templo del Señor y enuncie un mensaje. (Leer Jeremías 7:1-15)

Este mensaje era dirigido, a las personas que iban al templo a adorar a Dios, pero que en sus vidas fuera de las paredes de ese lugar santo, roban, matan, cometen adulterio, ofrecen incienso a Baal, dan culto a dioses que nada tienen que ver con los israelitas. Ese mensaje era dirigido  a los que después de practicar tales cosas, venían al templo que fue dedicado a Dios, para presentarse delante de él.

Es a éstos que el mismo Señor por medio de Jeremías les dice: Se creen que aquí están seguros; creen que pueden seguir haciendo esas cosas que yo no soporto” (Jeremías 7:10b/Versión Dios Habla Hoy)

 También les pregunta: “¿Acaso piensan que este templo es cueva de ladrones? (Jeremías 7:11ª/Versión Dios Habla Hoy)

Y por aquello que alguno de los presentes que estaba escuchando el mensaje, se hiciera como que no le estaban hablando,  Dios les aclara: Yo he visto todo eso. Yo, el Señor lo afirmo…Y aunque una y otra vez les he advertido acerca de su conducta, ustedes no han querido obedecerme, y ni siquiera me han respondido”. (Jeremías 7:13/Versión Dios Habla Hoy)

Jeremías le habla a gente que sirve en el templo y a gente que asiste al templo, lo mismo hizo Jesús.  ¿Qué diferencia hay entre la conducta de cada grupo? La respuesta es ninguna. Ambos grupos se dirigen por “camino torcido”.

A las personas que oyeron el mensaje de Jeremías, Dios  les da la oportunidad del arrepentimiento: “…Mejoren su vida y sus obras, y yo los dejaré seguir viviendo en  esta tierra.” (Jeremías 7:3/Versión Dios Habla Hoy)

Este grupo entendía bien lo que Dios les estaba diciendo, sus hermanos del Reino del Norte por no haber oído a Dios y por desobedecerle, fueron conquistados por los Asirios.

Han pasado cientos de años, desde Jeremías aquél día en el templo al tiempo en que Jesús expulsa a los mercaderes del templo, pero el mensaje es el mismo y la oportunidad de que pueden cambiar su camino es el mismo, y para entenderlo mejor, vayamos al tiempo cuando Jesús  inicio su ministerio, a la primera ocasión que expulsó a los mercaderes del templo.

Jesús  les pide que no hagan un mercado de la casa de su padre y cuando los que le escuchan le piden pruebas de su autoridad para hacer lo que hizo, él les responde: “Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo.” (Leer Juan 2:16-19)

Ante tal respuesta, los que preguntaron se sorprendieron porque pensaban que hablaba del templo, del edificio, el cual tomó cuarenta y seis años en construirse, y ahora, pensaban ellos, “Jesús cree que lo puede construir en tres días”.

Ellos estaban lejos de la verdad, Jesús se estaba refiriendo a su muerte y resurrección, en otras palabras lo que les quería decir era: “ustedes me pueden matar, pero me levantaré de entre los muertos al tercer día.”

El moriría por causa de las transgresiones de ellos (y las nuestras) y resucitaría para la justificación de ellos (y la nuestra). (Leer Romanos 4:25)

Ahora solo nos queda preguntarnos: ¿Qué es la casa de Dios para mí? ¿Es la casa de Dios un sitio donde voy a adorarle y orarle o simplemente es para mí otro lugar de  reunión social? ¿Voy al templo porque amo el estar allí o lo hago por compromiso? ¿Trabajo o sirvo en el templo porque amo a Dios o porque solo busco ganancia personal? ¿Soy yo una de esas personas que pecan, luego van al templo para pedir perdón a Dios y después que salen del templo siguen pecando?

 Que Dios nos ayude a discernir lo que realmente hay en nuestro corazón. Y si al escudriñarnos encontramos que nuestras acciones e intenciones no están de acuerdo a Dios, demos gracias a Dios porque tenemos la oportunidad del arrepentimiento.

 Jesús murió por nuestros pecados, pero el Padre por medio del Espíritu Santo lo resucitó, “para que tengamos la oportunidad de convertirnos a él”. (Leer Hechos 3:26)

Escrito por Mayra Vargas (Badilla Ledezma) con fines no de lucro sino solo de enseñar. Abril 14, 2011. Tampa, Florida.

Se usó como referencia:

  1.   Biblia Reina Valera 1960.
  2.  Biblia Dios Habla Hoy
  3. The Bible Knowledge Commentary (Walvoord and Zuck). Páginas 157, 158,279,280,

 


 

 

 

 

 

 

2 Respuetas a Los Últimos Días del Ministerio Terrenal de Jesucristo, Parte 3: Expulsa a los Mercaderes del Templo.

  1. Eli Colom says:

    Muy bonito estudio y muy buenas aplicaciones para cada uno de nosotros cuando vamos a la casa de Dios. Gracias por el tiempo de preparacion el cual es de gran utilidad no unicamente para los creyentes,pero para aquellos que nunca han oido la verdad sobre las Escrituras. En este caso,sobre el Templo.

    • Mayra Vargas says:

      Me alegro lo haya leído hno. Elí. Y como usted dice: La lucha contra Cristo y Su Evangelio persiste, por eso nosotros los creyentes debemos cumplir con la Gran Comisión: Hablar a otros de Jesucristo.
      Bendiciones,
      Hna. Mayra.

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