IDOLATRIA, PARTE III: Según el Número de tus ciudades, fueron tus dioses.”

Están a punto de entrar a conquistar la tierra que será de ellos y tienen que enfrentarse a siete naciones mayores y más poderosas que ellos.

Siete naciones que tienen “dioses ajenos”, es decir que no tienen como Dios al que creo el cielo y la tierra con la voz de su mando y al hombre con sus propias manos. 

Tienen que entrar y conquistar al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, pueblos que tienen su  propio dios o dioses.

Antes, de que entren a conquistar, Dios por medio de Moisés les manda a no hacer alianza con ellos…a no emparentarse con ellas, es decir que sus hijos y sus hijas no se unan en matrimonio con personas de esas naciones.

¿Por qué tal mandato?  Deuteronomio 7:4 dice:

Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. “

Les mandó a no emparentarse con esas naciones y también les mandó:

 “Así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.” (Deuteromio 7:5/VRV 1960)

El relato anterior nos demuestra que cada nación o cada ciudad tenía su propio dios y no hay duda, que por el libre albedrío concedido a los hombres, cada quien decide a que dios adorar.

En este caso, Dios le está hablando a un pueblo con quien ha hecho un pacto. Tanto Dios como los Israelitas han prometido guardar la parte que le corresponde de ese pacto y como resultado, el mismo Dios les promete: Y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. (Levítico 25:12/VRV 1960)

Israel iba a conquistar 7 naciones y entre ellas a los heteos. Entre los datos que encontré acerca de ellos se dice: Adoraban todo un panteón de dioses y la mayoría de ellos tenía que ver con la naturaleza.

Si uno se dirige al diccionario se da cuenta que: “Panteón es un conjunto de todos los dioses de una religión o mitología politeísta  (más de un dios).

Para el tiempo que Israel entró a conquistar la tierra prometida, los registros de la Biblia nos dan a conocer que ya los hombres adoraban ídolos y tenían estatuas para representarlos. Cada ciudad con su propio dios o dioses.

Pasemos del  tiempo de la conquista al tiempo de los reyes de Israel. Ubiquemos exactamente en el tiempo de su tercer rey: Salomón  (1 de Reyes 11)

El tercer rey, Salomón: Él era conocedor de los mandamientos de Dios y conocía bien  este mandato: “Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.” (Deuteronomio 7:11/VRV 1960)

Salomón sabía bien que el casarse con mujeres de pueblos que tenían otros dioses lo podían desviar del Dios verdadero, pero se casó primero con una hija de Faraón (Según datos tomados de Wikipedia,  El panteón de dioses egipcios fue uno de los más numerosos del mundo. En el Antiguo Egipto hubo más de setecientos dioses.)

Este rey no solo contrajo nupcias con una egipcia sino que con muchas más. Unas eran provenientes de Moab, otras de Edom, Amón y Sidón. Y si uno lee con cuidado, se da cuenta que cada una de ellas tenía su propio dios.

Cada ciudad, cada pueblo, cada nación, cada cultura parece tener sus propios dioses.   La moabita tenía al dios Quemos, la amonita un ídolo llamado Moloc.

El rey tenía muchas mujeres a quien complacer y para mantenerlas felices, les construyó lugares altos (altares) para sus ídolos. Altares donde ellas iban a quemar incienso y ofrecer sacrificios. Sacrificios que no eran tan solo flores o frutas, sino que hasta niños eran pasados por fuego como sacrificio.

Al final, Salomón terminó siguiendo a Astoret diosa de los sidonios,  a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.

Él tomó como esposas  y concubinas a mujeres extranjeras y cada una de ellas “traía en su maleta su propio dios”; cada una de ellas tenía su propio ídolo a quien adorar.

 Ahora vayamos al tiempo del apóstol Pablo: En ese momento él está en Atenas (ciudad famosa del mundo antiguo). Se decía de esta ciudad que tenía más dioses que hombres (En la mitología griega, se reconocen  doce dioses principales u olímpicos. Luego le siguen otro número de dioses.)

Cuando Pablo llega a Atenas, fue testigo que la ciudad estaba entregada a la idolatría y comenzó a predicar en las sinagogas de los judíos y plazas públicas el mensaje del Evangelio de Jesús y de la resurrección. Los filósofos al oírlo pensaban que hablaba de un dios más de la lista. Ellos creían en muchos dioses y por si acaso alguno se le escapara de la lista, tenían un altar dedicado  AL DIOS NO CONOCIDO.” (Leer Hechos 17:16-34)

De ese tiempo bíblico pasemos al presente año, 2014: a pesar que el hombre ha avanzado en ciencia y tecnología, siguen existiendo culturas y ciudades que tienen sus propios dioses.  A unos les dan el lugar de Dios y a otros se les reconoce como intercesores,  y  hasta existen santos que hacen favores: como un santo que ayuda a conseguir esposo o esposa.

Si uno se proclama cristiano, significa que es seguidor de Jesucristo y  tiene como norma de fe y conducta las Sagradas Escrituras. El mismo mandamiento que se le dio a Israel se aplica: El de no servir a dioses ajenos, a no inclinarse ante el sol, o la luna, ni a todo el ejército del cielo  que no sea Dios Creador. (Leer Deuteronomio 17:3).

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, Señor del cielo y la tierra, que no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo, quien da vida y aliento y todas las cosas, es al que se debe adorar: Al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. El mismo Dios que prohibió hacer imágenes y adorarlas. (Lee Exodo 20: 1-6)

Los hombres, las culturas, las ciudades podrán tener muchos dioses, pero el Dios que la Biblia nos habla, solo tiene un solo pueblo.

Un solo pueblo compuesto de hombres y mujeres que han sido redimidas por la sangre de Jesucristo; hombres y mujeres de todo linaje y lengua y pueblo y nación que ha creído al anuncio del Evangelio (Cristo Jesús como único camino para llegar hacia Dios). (Leer Apocalipsis  5:9; Juan 14:6-9)

La pregunta es:

¿Pertenecemos a esos pueblos y ciudades que tienen su propio ídolo, su propio dios? o

 Pertenecemos al pueblo que no importando raza o lengua, tiene un solo Dios, que ha proclamado:Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios…No hay Dios, sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.” (Isaías 44:6b, 8b)

Tema continúa en Clase #4, “¿Tiene un dios falso poder o solo es un imitador?

 (Escrito para la clase de Reach & Teach: Bible Study Club, con fines de enseñar y no de lucro, por Mayra Vargas. Tampa, Florida.  Abril 29, 2011. Revisado en Julio 23, 2014.)

 

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