Hay Que Empezar por la Raíz

En la parte del frente había un planta de caucho y bien sé que algunas personas les gusta, pero a mí no. Pienso que se debe que cada vez que quería entrar a la casa usando la entrada principal, la planta de caucho estaba allí estorbando el paso de uno. Mi abuela, cuando estaba viva acostumbraba a podarlo y sus ramas se multiplicaban. No importa cuántos cortes se le hicieron, la planta volvió  a crecer. Una vez pensé que ya lo habíamos eliminado por completo, pero sus raíces estaban tan profundas que volvió a regenerarse.

En una ocasión comenzamos a cortar una raíz y creo que sacamos como 20 pies y aun así no llegamos a su final. Hace siete años al remodelar la casa, se hizo lo mismo con el patio y se decidió arrancar la planta de caucho por completo. Era algo de no acabar, pero esta vez nos propusimos y destruimos todo el sistema de raíces y por completo eliminamos la planta.

Algo parecido le pasó a una amiga con una parra. Esta creció alrededor cubriendo la cerca. Ella decidió  que era tiempo de quitar la parra y para eso trató de arrancarla de raíz, pero estaban tan robustas que le fue imposible. Según lo que ella vio, alguien trató en el pasado hacer lo mismo pero falló en el intento a pesar que le hizo grandes cortes.  Volviendo a mi amiga, allí estaba ella jalando la parra y cuando se agachó para tirar con más fuerza, vio un par de ojos en la base de la raíz. Los ojos siniestros  escondidos entre raíces y hojas  resultaron ser los de una inocente lagartija.

Algo parecido nos pasa a nosotros. Muchas veces hemos acumulado cosas malas en nuestras vidas y queriendo deshacernos de esas cosas limpiamos solo lo que se ve, pero las raíces siguen allí bien arraigadas en nuestro ser. Sentimos que estamos libres por un corto tiempo y de repente vuelve a aparecer.

Un pecado nos esclaviza y queremos liberarnos en la forma incorrecta. Hay que empezar por la raíz.  Puede que la parra sea  amargura; odio;  envidia; celos; malicia  o avaricia  y que esté  bien arrollada en nuestras mentes o corazones (Gálatas 5:19-21). Está tan enredada que no sabemos dónde empieza ni dónde termina.  Y la verdad es que si no arrancamos las raíces,  la parra o el pecado nos seguirá  esclavizando.  Satanás como aquella lagartija, estará allí escondido entre las raíces, tratando de asustarnos y así detener que  que éstas no sean arrancadas.  Puede que él quiere que creamos que cortando solo lo que se ve es suficiente.

Cuando Jesús viene a nuestra vida y nos ilumina, podemos ver el pecado y entendemos lo que debemos hacer para deshacernos de éste. Primero debemos reconocer y luego confesarle a Dios nuestros pecados; pedirle perdón y procurar no volver a practicarlo. Una vez que Dios nos perdona damos lugar a que el fruto del Espíritu ( amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad y fe) comience  a crecer y florecer en nuestras vidas, llenando así nuestras mentes y corazones por gracia de Dios. (Gálatas 5:22-26)

Lo anterior fue escrito por Susan.

Nota: Si desea comunicarse con la escritora, Susan, puede escribir:

Apartado Postal: Susan/Un Lugar de Gracia/P.O.Box 25783/Tampa, Florida 33622

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